Atlas de lo cotidiano

Lleva siempre una libreta pequeña
Siempre lleva contigo una libreta pequeña que puedas llevar a todas partes. Así podrás anotar las cosas que llaman tu atención cuando estés fuera de casa.
Luego podrás desarrollar las ideas que quieras más en profundidad utilizando un cuaderno más grande.
Este es el cuaderno de captura rápida. El que sacas cuando estás esperando el autobús y notas algo. El que usas para anotar una frase que escuchaste en una conversación. El que te permite guardar citas mientras lees en el metro. El que está ahí cuando te surge una idea caminando por la calle.
No tiene que ser bonito. No tiene que tener las páginas perfectas. Solo tiene que ser lo suficientemente pequeño como para que no te pese llevarlo, y lo suficientemente resistente como para aguantar que lo saques y guardes mil veces.
Yo uso uno que cabe literalmente en el bolsillo trasero del pantalón. A veces escribo con letra horrible porque voy caminando. A veces solo anoto tres palabras. A veces una página entera. No importa. Lo importante es que está ahí cuando lo necesito.


Para más espacio y amplitud
Este es donde haces las entradas más largas. Donde copias pasajes de libros con calma. Donde desarrollas reflexiones que necesitan espacio. Donde pegas fotos, recortes, stickers. Donde tu letra puede respirar.
Este cuaderno puede ser más cuidado, más bonito si quieres. Puede tener mejor papel. Puede ser el que disfrutas abrir. Porque no tiene que viajar contigo constantemente, puede ser más delicado, más especial.
Para tener en cuenta: no tienes que pasar todo lo del cuaderno pequeño al grande. A veces lo haces, cuando algo merece ser desarrollado. Pero a veces el fragmento se queda en el cuaderno pequeño y está bien así. Los dos cuadernos conviven, no compiten.
Esto elimina la presión de tener que anotar todo perfectamente en el momento. Puedes capturar la idea rápido en el cuaderno de bolsillo, y luego, si quieres, le das más espacio en el cuaderno grande. O no. Depende de ti.
Siempre existe la opción de utilizar el método orgánico que no tiene ningún tipo de indice.
Escribes cronológicamente, una entrada tras otra, sin preocuparte por organizarlas.
Para encontrar algo vuelves atrás pasando páginas. Y en ese proceso de buscar una cosa, te encuentras con otras que habías olvidado. Hay algo valioso en esos encuentros accidentales.
¿Para quién funciona este método?
Ahora, si quieres tener una forma de volver a lo que escribiste, te cuento cómo lo hago yo.

Categorias y colores
Funciona así: decides que ciertos temas o tipos de entradas tendrán un color asignado. Por ejemplo, en mi cuaderno el punto amarillo marca todo lo relacionado con citas de libros, el punto verde marca anotaciones sobre pelis y documentales. Cuando hago una entrada sobre uno de esos temas, pongo un punto del color correspondiente en el margen izquierdo.
No necesitas decidir todas las categorías desde el inicio. Puedes empezar con dos o tres colores para temas que sabes que vas a explorar durante un tiempo, y añadir más según vayan apareciendo. O puedes tener solo un par de colores para los temas que realmente quieres poder rastrear, y dejar todo lo demás sin marcar.
Es visual. No necesitas leer el contenido para saber de qué trata la entrada. Solo miras el color del punto.
Es flexible. No tienes que decidir desde el inicio todas las categorías posibles. Vas añadiendo colores según los necesitas.
Permite convivencia. Una entrada puede tener varios puntos si toca múltiples temas. O puede no tener ningún punto si es algo que solo escribiste una vez.
No requiere índice. Para encontrar algo, pasas páginas buscando el color. En ese proceso, te encuentras con otras cosas. A veces encuentras lo que buscabas. A veces encuentras algo mejor.
Se adapta a tu forma de pensar. Si tiendes a explorar ciertos temas durante meses, los colores te ayudan a rastrear esa exploración. Si tu cuaderno es más ecléctico, simplemente usas menos colores.
Tips
Empieza por lo simple. Elige dos o tres temas que sabes que vas a explorar. Asígnales colores. Cada vez que escribas sobre esos temas, pon un punto del color correspondiente en el margen. Eso es todo.
Con el tiempo, tal vez notes que hay otro tema recurrente que merece su propio color. Añádelo. O tal vez descubras que un color que elegiste ya no lo usas porque ese tema dejó de interesarte. Está bien. El sistema evoluciona contigo.
Algunos consejos prácticos:

Fechas. Poner la fecha al inicio de cada entrada puede ser útil. No para controlar cuánto escribes, sino para tener un sentido temporal cuando vuelves atrás. A veces es interesante ver que esa reflexión la tuviste en marzo, y esta otra en octubre, y cómo se relacionan.
Palabras clave en el margen. Esto ayuda a escanear visualmente cuando pasas páginas, incluso si no estás usando ningún sistema formal de organización.
Elementos visuales. Fotos, recortes, dibujos, stickers. No son decoración gratuita. Son parte del pensamiento. A veces una imagen dice lo que las palabras no pueden. O simplemente hace que quieras abrir el cuaderno porque es visualmente atractivo.
Separadores o marcadores de sección. Puedes usar cintas, clips de colores, o simplemente dejar una página en blanco cuando termina un tema y empieza otro. Estos respiros visuales ayudan a que el cuaderno respire.
Pero todo esto es opcional. Puedes tener un cuaderno completamente visual o uno solo con texto. Puedes llenarlo de colores o mantenerlo en blanco y negro. Puedes añadir múltiples elementos o mantenerlo minimalista.
Fuente: Pinterest



